Prueba Ford Focus RS
El día 23 del pasado mes de diciembre, víspera de Nochebuena, tuve la oportunidad de probar uno de los compactos deportivos que más ilusión ha despertado en mí desde su lanzamiento, el Ford Focus RS.
Puede resultar un poco extraño que publique mis impresiones acerca de un modelo que ya no se fabrica, pero siento la necesidad de compartir con alguien las sensaciones que me brindó.
Es el coche que recomendaría a todos aquellos que busquen el mejor coche del segmento para carreteras de montaña viradas, donde impone su efectividad, bastante a la par del Seat León Cupra R y por encima de coches rapidísimos como el Alfa 147 GTA, el anterior Volkswagen Golf R32 o el anteiror Honda Civic Type-R, éste último se aproxima bastante pero precisaría de un pelín más de potencia y mejor motricidad.
La primera impresión del RS es la que te dá cualquier carreras-cliente. Sólo con poner el contacto y apretar el botón para arrancarlo, situado junto al freno de mano tras la palanca de cambio, ya percibes el sonoro ronquido de su motor, el cual me hacía presagiar sus prestaciones (más tarde comprobaría que mis predicciones se quedaban cortas).

La estabilidad es otro de sus fuertes, la unidad que probé únicamente se salía de la estricta serie por unos separadores de 5 mm alante y 15mm atrás, y el paso por curva ponía los pelos de punta. Seguramente habrá conductores que critiquen las suspensiones por su dureza ya que, como en cualquier modelo de estas caraterísticas, pueden resultar demasiado enérgicas, pero al menos en mi caso, la impresión fue magnífica ya que permitía al coche entrar como una tabla en las curvas sin restar comodidad en carretera. Al menos a mi en ningún momento me dió la sensación de que fuera seca o rebotona, como se criticó, por ejemplo, en el anterior modelo del León FR.

Todas sus pros tienen un contra, lo exigente que se muestra hacia el conductor cuando se intenta acercar al límite. No tiene ayudas electrónicas de ningún tipo, salvo un eficaz antibloqueo de frenos (ABS). Sí lleva un diferencial autoblocante mecánico que aporta una capacidad de tracción sobresaliente, pero que obliga a mantener bien sujeto el volante para evitar perder la trayectoria, ya que el volante muestra movimientos bruscos cuando el autoblocnate entra en acción.

La aceleración es impresionante, tanto que acabas acostumbrándote a cambiar cuando el indicador luminoso naranja se enciende al llegar a 5.800 rpm (régimen óptimo para aprovechar toda la manada de caballos), y no sólo por el hecho de que sientas la irrefrenable necesidad de estirarlo hasta rozar el corte (que la sientes), sino también porque en las primeras marchas apenas hay tiempo a retirar la mano del pomo cuando el destello naranja se cruza de nuevo en tu camino. Mencionar también que si mete miedo acelerando, frenando puede llegar a quitar el hipo.
Exteriormente poco os puedo decir que no sepais ya. Las defensas, las aletas ensanchadas y las llantas específicas OZ en 8 x 18″, así como su casi ya mítico color azul, le aportan una imagen muy seductora.

En el interior destaca el color azul en cada esquina (esto es algo que a mi quizás me resultaría algo cargante, pero se le puede perdonar), incluyendo los cómos baquets en cuero y alcántara que evitan que salgas despedido en las curvas.

Gracias a Gamo por el paseo.








